sábado, 13 de marzo de 2010

Chi resta qui spera l'impossibile

Y milagrosamente aún guardo esa hoja junto a las demás. La película permanece en el mismo lugar en el estante del videoclub, ventajas de haber pasado de moda. La otra no la he devuelto pero no la volví a ver. Este blog acumulará entradas, como mi frente al perder sus cabellos, sobre todo para no olvidar los detalles de lo que sentía cuando no estabas. Mis paredes se irán llenando de cuadros, mi vida de experiencias, mis pies de kilómetros y mis ojos aún de más letras. Aunque te confieso que temo meter la mano a mi baúl de emociones. No soportaría darme cuenta de que se quedó vacío. La misma sonrisa que te preparé vive en algún rincón de mis labios. La carcajada al ver tu rostro pintado de azul se negó a irse con el invierno. Estoy inmóvil.

Quien se quedó aquí, espera lo imposible.

¿Y tú?

jueves, 4 de marzo de 2010

Día D

A su lado el teléfono permanece impávido, inmóvil, casi como los ojos de sus hombres que miran fijamente al horizonte. La tensión hace que su mandíbula se una al cráneo como si hubiese sido soldada con acero, es incapaz de articular una palabra. Pero la mano está firme en su costado, con la solidez del metal al temple que alguna vez portaron sus antecesores. Solo espera que el teléfono repique por primera vez para levantarlo, escuchar la voz que se encuentra a solo cinco kilómetros y dar la orden que lo dejará por fin mitigar la rigidez que ahora lo mantiene unido a la cabina de mando como un roble y sus raíces al milenario suelo donde ha sido plantado.

Adelante el enemigo es carne trémula, sus corazones laten por ahora como si quisieran apresurar el tiempo y vivir un año en un solo día. Los acorazados que aún se encuentran lejos de la bahía son de una envergadura notable y las nubes bajas que han formado las primeras horas del día les proporcionan un aire fantasmagórico, inhumano, letal.

Dentro de la cabina, un ratón polizonte camina entre las vigas del techo pero al toparse con un tornillo flojo ha ocasionado que este caiga sobre el aparato telefónico que sigue aún no ha anunciado la llamada entrante. El golpe seco de los dos metales ha provocado que el general rompa por fin el estado de alerta y descuelgue el auricular con la misma velocidad con la que el sonido llegó a sus oídos. Antes de que el tornillo finalice su caída libre en el suelo de la sala de control el general se da cuenta de su error y deposita el aparato en la misma base. Esta pausa le da el espacio para recordar que la división llega preparada con la mejor artillería posible. Tiene toda la vida esperando este momento. Desde que esta guerra inició, la mañana del día D ha mantenido su mente cabilando constantemente sobre el momento en que por fin podría dibujar la suela de su huella sobre la oscura arena que ahora casi puede contemplar al frente.

Por fin el movimiento metálico de dos discos de níquel sonando rítmicamente rompe la monotonía del lugar, las ondas sonoras amplían su frecuencia hasta hacerse perceptibles por el fino tímpano del general que descolgando inmediatamente el aparato saluda:

-Halcón peregrino.
La voz a cinco kilómetros reconoce la contraseña y pronuncia:
-El nido le espera. Águila azúl surcará el cielo.

La naturaleza críptica de las claves castrences siempre le pareció una manifestación de ingenio. Sin embargo las claves que serían utilizadas en este día siempre le parecieron de una sencillez suicida, cualquier intercepción de la señal por parte de las líneas enemigas comprometería de forma seria el éxito de la misión.

Conoce lo que acaba de escuchar pero se niega a aceptarlo. Ha sido retirado de la batalla de su vida. Después de colgar tarda diez segundos en los que sus hombres han vuelto las miradas y lo observan hipnotizados. Por fin, el silencio se rompe:

-La división alfa azul entrará en batalla, nosotros regresaremos a la base.

El almirante abre la boca, paladea el sabor a plomo que se ha impregnado a su lengua, está a punto de preguntar cuando entrarán en acción, que si la llamada era concluyente, sin embargo la mirada estoica del general lo detiene. No hay necesidad de que vuelva a pronunciar una sola sílaba. La orden ha sido comprendida. El almirante levanta la banderola amarilla. Los hombres inician los preparativos para virar a estribor. En esta ocasión las botas del capitán permanecerán limpias de cualquier rastro de calcio de coral.