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jueves, 4 de marzo de 2010

Día D

A su lado el teléfono permanece impávido, inmóvil, casi como los ojos de sus hombres que miran fijamente al horizonte. La tensión hace que su mandíbula se una al cráneo como si hubiese sido soldada con acero, es incapaz de articular una palabra. Pero la mano está firme en su costado, con la solidez del metal al temple que alguna vez portaron sus antecesores. Solo espera que el teléfono repique por primera vez para levantarlo, escuchar la voz que se encuentra a solo cinco kilómetros y dar la orden que lo dejará por fin mitigar la rigidez que ahora lo mantiene unido a la cabina de mando como un roble y sus raíces al milenario suelo donde ha sido plantado.

Adelante el enemigo es carne trémula, sus corazones laten por ahora como si quisieran apresurar el tiempo y vivir un año en un solo día. Los acorazados que aún se encuentran lejos de la bahía son de una envergadura notable y las nubes bajas que han formado las primeras horas del día les proporcionan un aire fantasmagórico, inhumano, letal.

Dentro de la cabina, un ratón polizonte camina entre las vigas del techo pero al toparse con un tornillo flojo ha ocasionado que este caiga sobre el aparato telefónico que sigue aún no ha anunciado la llamada entrante. El golpe seco de los dos metales ha provocado que el general rompa por fin el estado de alerta y descuelgue el auricular con la misma velocidad con la que el sonido llegó a sus oídos. Antes de que el tornillo finalice su caída libre en el suelo de la sala de control el general se da cuenta de su error y deposita el aparato en la misma base. Esta pausa le da el espacio para recordar que la división llega preparada con la mejor artillería posible. Tiene toda la vida esperando este momento. Desde que esta guerra inició, la mañana del día D ha mantenido su mente cabilando constantemente sobre el momento en que por fin podría dibujar la suela de su huella sobre la oscura arena que ahora casi puede contemplar al frente.

Por fin el movimiento metálico de dos discos de níquel sonando rítmicamente rompe la monotonía del lugar, las ondas sonoras amplían su frecuencia hasta hacerse perceptibles por el fino tímpano del general que descolgando inmediatamente el aparato saluda:

-Halcón peregrino.
La voz a cinco kilómetros reconoce la contraseña y pronuncia:
-El nido le espera. Águila azúl surcará el cielo.

La naturaleza críptica de las claves castrences siempre le pareció una manifestación de ingenio. Sin embargo las claves que serían utilizadas en este día siempre le parecieron de una sencillez suicida, cualquier intercepción de la señal por parte de las líneas enemigas comprometería de forma seria el éxito de la misión.

Conoce lo que acaba de escuchar pero se niega a aceptarlo. Ha sido retirado de la batalla de su vida. Después de colgar tarda diez segundos en los que sus hombres han vuelto las miradas y lo observan hipnotizados. Por fin, el silencio se rompe:

-La división alfa azul entrará en batalla, nosotros regresaremos a la base.

El almirante abre la boca, paladea el sabor a plomo que se ha impregnado a su lengua, está a punto de preguntar cuando entrarán en acción, que si la llamada era concluyente, sin embargo la mirada estoica del general lo detiene. No hay necesidad de que vuelva a pronunciar una sola sílaba. La orden ha sido comprendida. El almirante levanta la banderola amarilla. Los hombres inician los preparativos para virar a estribor. En esta ocasión las botas del capitán permanecerán limpias de cualquier rastro de calcio de coral.

domingo, 26 de julio de 2009

Muchas batallas adelante

Hay una canción original de Crowded House de la que recientemente Six Spence non the Richer sacó un cover: Don't dream its over. Aunque la canción me gusta mucho, solo quiero extraer de ella una línea en particular: "There's a battle ahead, many battles are lost" algo así como "Hay una batalla adelante (en el futuro) y ya muchas batallas se han perdido" pero en seguida tiene una parte positiva: "Pero nunca verás el fin del camino mientras sigas viajando conmigo" Guerra y viaje al mismo tiempo, una invitación a viajar y a pelear, ¿Pero si la vida es un viaje también puede ser una guerra?

En realidad no me gusta la violencia, no la real, pero sin lugar a dudas tengo una inclinación a observar las cosas bajo un planteamiento castrense. Me gusta hablar de estrategias, unidades, recursos y claro, peleas, territorio ganado o territorio cedido, ya sea dentro de los negocios o de la vida diaria. Y también de alguna forma siento que en esta vida no se puede ignorar que si se ama algo hay que sacrificar muchas cosas (curiosamente también en algunas ocasiones un sentimiento de paz) y ofrecer "guerra" a aquello que particularmente nos incomoda o pensamos que está mal. Hasta este punto creo que tiene sentido manifestarse a favor de realizar un cambio, que puede ser con uno mismo o tal vez con alguien más o de algunos más.

Desde este punto creo que muchísimas personas han coincidido conmigo a lo largo de la historia, iniciando guerras o uniéndose a ellas porque compartían un sentimiento de injusticia. En este caso como podrá observarse me estoy refiriendo a una batalla en particular: una revolución, una defensa, no precisamente una guerra de agresión.

Una revolución la podría definir entonces como un combate declarado en contra de un elemento que ostenta una posición diferente a la que debería de observar y que por esta posición lastima o flagela los derechos o la situación de un segundo elemento que se ve marginado constantemente por la acción deliberada del primero. Suena abstracto, pero creo que para que no se me acuse de belicoso o de provocador tengo que ofrecer la anterior definición.

Por lo tanto creo que una revolución o "el derecho a la revolución" se activa dentro de cada ser que mantiene un encuadre de lo que se puede considerar "justo" y cuando observa que esa justicia no está siendo respetada (Y aquí me topo con el siguiente problema, la justicia como cada uno la interpreta o tal vez más lejos... el valor, lo que es bueno y lo que no)

Aunque tal vez nuestro concepto de "justo" pueda verse obnubilado parcialmente por otro aún más amplio y más fuerte: El amor. ¿Quien dejaría de pelear por aquello que ama? ¿Que amar no es combatir?

Tratando de no meterme más en escollos y dejando este tema abierto a otras entradas, solo me gustaría terminar con una frase para reflexionar: "El que ama también se sabe con la obligación moral de defender aquello de lo que es objeto su amor, y tal vez no solo la obligación sino también el derecho, pero esta defensa no necesariamente es justa...

¿Tú que piensas?