viernes, 14 de mayo de 2010

Track it down

Por un momento tengo 13 ó 14 de nuevo, regreso a los orígenes de la alegría. A las primeras ocasiones que esperé con ansias el verano. A los autobuses por la carretera y al walkman amarillo. A descubrir la música y a iniciar a conocerme a mi.

Vuelvo al punto en donde inventé la felicidad. Esa misma que solo necesita una canción para despertar la emoción de estar vivo. A una tarde en la playa, al calor del mes de abril, al color café de la camioneta donde por primera vez imaginé algunos años después cruzar la autopista en un vehículo rojo.

Llego al punto donde descubro la literatura, donde me pregunto por primera vez quien soy y si es posible que sea así. A un estereo gris y a un juego de computadora. Al internet. A solo una revista por mes. A apreciar que la vida también termina. A cerrar un ciclo.

Regreso a la edad en donde no existe algo que pueda calificar de agobiante, donde todo parece posible. Vuelvo hasta el orígen del que ahora escribe esta línea. ¿Qué pasa si me quedo ahí por más tiempo?

sábado, 13 de marzo de 2010

Chi resta qui spera l'impossibile

Y milagrosamente aún guardo esa hoja junto a las demás. La película permanece en el mismo lugar en el estante del videoclub, ventajas de haber pasado de moda. La otra no la he devuelto pero no la volví a ver. Este blog acumulará entradas, como mi frente al perder sus cabellos, sobre todo para no olvidar los detalles de lo que sentía cuando no estabas. Mis paredes se irán llenando de cuadros, mi vida de experiencias, mis pies de kilómetros y mis ojos aún de más letras. Aunque te confieso que temo meter la mano a mi baúl de emociones. No soportaría darme cuenta de que se quedó vacío. La misma sonrisa que te preparé vive en algún rincón de mis labios. La carcajada al ver tu rostro pintado de azul se negó a irse con el invierno. Estoy inmóvil.

Quien se quedó aquí, espera lo imposible.

¿Y tú?

jueves, 4 de marzo de 2010

Día D

A su lado el teléfono permanece impávido, inmóvil, casi como los ojos de sus hombres que miran fijamente al horizonte. La tensión hace que su mandíbula se una al cráneo como si hubiese sido soldada con acero, es incapaz de articular una palabra. Pero la mano está firme en su costado, con la solidez del metal al temple que alguna vez portaron sus antecesores. Solo espera que el teléfono repique por primera vez para levantarlo, escuchar la voz que se encuentra a solo cinco kilómetros y dar la orden que lo dejará por fin mitigar la rigidez que ahora lo mantiene unido a la cabina de mando como un roble y sus raíces al milenario suelo donde ha sido plantado.

Adelante el enemigo es carne trémula, sus corazones laten por ahora como si quisieran apresurar el tiempo y vivir un año en un solo día. Los acorazados que aún se encuentran lejos de la bahía son de una envergadura notable y las nubes bajas que han formado las primeras horas del día les proporcionan un aire fantasmagórico, inhumano, letal.

Dentro de la cabina, un ratón polizonte camina entre las vigas del techo pero al toparse con un tornillo flojo ha ocasionado que este caiga sobre el aparato telefónico que sigue aún no ha anunciado la llamada entrante. El golpe seco de los dos metales ha provocado que el general rompa por fin el estado de alerta y descuelgue el auricular con la misma velocidad con la que el sonido llegó a sus oídos. Antes de que el tornillo finalice su caída libre en el suelo de la sala de control el general se da cuenta de su error y deposita el aparato en la misma base. Esta pausa le da el espacio para recordar que la división llega preparada con la mejor artillería posible. Tiene toda la vida esperando este momento. Desde que esta guerra inició, la mañana del día D ha mantenido su mente cabilando constantemente sobre el momento en que por fin podría dibujar la suela de su huella sobre la oscura arena que ahora casi puede contemplar al frente.

Por fin el movimiento metálico de dos discos de níquel sonando rítmicamente rompe la monotonía del lugar, las ondas sonoras amplían su frecuencia hasta hacerse perceptibles por el fino tímpano del general que descolgando inmediatamente el aparato saluda:

-Halcón peregrino.
La voz a cinco kilómetros reconoce la contraseña y pronuncia:
-El nido le espera. Águila azúl surcará el cielo.

La naturaleza críptica de las claves castrences siempre le pareció una manifestación de ingenio. Sin embargo las claves que serían utilizadas en este día siempre le parecieron de una sencillez suicida, cualquier intercepción de la señal por parte de las líneas enemigas comprometería de forma seria el éxito de la misión.

Conoce lo que acaba de escuchar pero se niega a aceptarlo. Ha sido retirado de la batalla de su vida. Después de colgar tarda diez segundos en los que sus hombres han vuelto las miradas y lo observan hipnotizados. Por fin, el silencio se rompe:

-La división alfa azul entrará en batalla, nosotros regresaremos a la base.

El almirante abre la boca, paladea el sabor a plomo que se ha impregnado a su lengua, está a punto de preguntar cuando entrarán en acción, que si la llamada era concluyente, sin embargo la mirada estoica del general lo detiene. No hay necesidad de que vuelva a pronunciar una sola sílaba. La orden ha sido comprendida. El almirante levanta la banderola amarilla. Los hombres inician los preparativos para virar a estribor. En esta ocasión las botas del capitán permanecerán limpias de cualquier rastro de calcio de coral.

jueves, 11 de febrero de 2010

Hoy inicia la eternidad

Podré quedarme sin cabello, sin ideas o motivaciones. Vagar sin tratar de prestar demasiada atención. Cantar, posiblemente escribir dos líneas. Seguir creyendo que el mundo puede cambiar mañana. Sentir que ayudo a que no empeore. Limpiar mis zapatos y el teclado. Poner en su lugar aquello que está fuera. Dormir dos horas más. Levantarme y constatar que está nublado y que la primavera aún está lejos. Pensar que es julio y que la lluvia se quedará. Olvidar que existen días extraños. Y esperar que la eternidad no se decida iniciar este día...

sábado, 6 de febrero de 2010

Noche

La noche silba en mis oídos
Con sus frías notas de noviembre
Su gélida voz de cristal zafiro
Canta versos en luna menor

La canción desborda sentidas notas
Como un suave scherzo al plenilunio
Acompasada de percusiones estelares
y el graznido de un cuervo al contrapunto

No es mió el lamento que repito
Ni lo incita mi corazón sereno
Aunque robusto de melancolía palpita
Al talante de reproches es ajeno

No es mi tinta angustiosa que ahora corre
Por el papel pálido de incertidumbre
Es de la noche este canto triste
Lamento de grillos taciturnos

Es voluntad de la oscuridad
De las estrellas y los astros
Darte una serenata en mis labios
Con sus versos, su inspiración y su canto

Pero si el murmullo de una nota toma
Por asalto tu mente desprevenida
Y una fugaz lágrima
Cruza por tu láctea mejilla

Tal vez mi mente se inunde de regocijo
Y por fin con la letra y voz propia
Te canten mis labios diez versos
Que no son nocturnos, sino tuyos:

Me puedo escapar por el pliegue de tus ojos,
por el camino de fantasía de tus pupilas.
Puedo huir desde la punta de tus dedos
Al baúl de las emociones antiguas
Puedo sentir que las estrellas fugaces
Queman mi piel azul atmósfera
Si son tus yemas las que atraviesan
La comisura de mis labios inquieta
Y si me dejas llegar tan lejos,
Correré trémulo por tu vereda
Hasta encontrar el recuerdo prisionero
De la última memoria dulce
y del beso que la selló arrepentido.
Lo liberaré sin quejas ni recelos
Con tinta, con sangre y con cariño
Y aún paciente ante el sol inminente
Dejaré que la noche vuelva
A oscurecer el sendero de mis pasos
Para que borre el asalto cometido
Y te recuerde, que en la sombra
La llama de ilusión henchida crepita

domingo, 4 de octubre de 2009

Buscando a Sagan

Alguna vez he mencionado que admiro a François Marie Arouet mejor conocido como Voltaire por dar un ejemplo claro del ideal humanista, por ser un precursor de la lucha por los más básicos derechos humanos y por adelantarse tanto a nuestra sociedad global y ofrecer herramientas para poder comprendernos en este mundo sin fronteras.

Algo similar siento por Carl Sagan, uno de los más famosos e influyentes científicos del siglo XX. Voltaire se preocupó por promover una sociedad libre de fanatismos religiosos en donde los juicios improvisados y expuestos al clamor popular no significaran una lápida segura sobre las cabezas de los acusados, muchos de los cuales eran condenados por el simple hecho de pertenecer minorías religiosas en los pueblos donde habitaban.

Sagan pudo ver que esta misma sociedad en la que tal vez Voltaire hizo su mejor esfuerzo al defender a aquellos carentes de asistencia (era abogado) continuaba bajo un latente peligro de extinción. No por los fenómenos naturales a los que había sobrevivido durante milenios, sino a si misma.

Voltaire dejó su legado a través de diferentes obras que exponen lo más avanzado en el pensamiento humanista de su siglo. Sagan trató de hacer lo mismo pero a través de mostrar al mundo las maravillas de la ciencia y su inmensa utilidad al tratar de interrogar al universo de manera escéptica en la búsqueda más intensa pero desapasionada de la verdad.

Carl Sagan nos advirtió que el género humano podría desaparecer víctima de los excesos de sí mismo. Su vasta obra tiene implícito este mensaje haciendo incapié acerca de lo maravilloso y a la vez delicado entorno en que vivimos hoy. Un mensaje con severas advertencias. Tal y como Voltaire amonestó a su propia sociedad cuando esta imponía la intolerancia como la mejor arma para controlar a los que creía, eran sus enemigos...

domingo, 27 de septiembre de 2009

Nueva ecuación

Menos complicado, más divertido, más experimental
No quiero tantos resultados, solo más experiencias
No quiero encontrar, tal vez solo tropezarme...