Por un momento tengo 13 ó 14 de nuevo, regreso a los orígenes de la alegría. A las primeras ocasiones que esperé con ansias el verano. A los autobuses por la carretera y al walkman amarillo. A descubrir la música y a iniciar a conocerme a mi.
Vuelvo al punto en donde inventé la felicidad. Esa misma que solo necesita una canción para despertar la emoción de estar vivo. A una tarde en la playa, al calor del mes de abril, al color café de la camioneta donde por primera vez imaginé algunos años después cruzar la autopista en un vehículo rojo.
Llego al punto donde descubro la literatura, donde me pregunto por primera vez quien soy y si es posible que sea así. A un estereo gris y a un juego de computadora. Al internet. A solo una revista por mes. A apreciar que la vida también termina. A cerrar un ciclo.
Regreso a la edad en donde no existe algo que pueda calificar de agobiante, donde todo parece posible. Vuelvo hasta el orígen del que ahora escribe esta línea. ¿Qué pasa si me quedo ahí por más tiempo?
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