domingo, 4 de octubre de 2009

Buscando a Sagan

Alguna vez he mencionado que admiro a François Marie Arouet mejor conocido como Voltaire por dar un ejemplo claro del ideal humanista, por ser un precursor de la lucha por los más básicos derechos humanos y por adelantarse tanto a nuestra sociedad global y ofrecer herramientas para poder comprendernos en este mundo sin fronteras.

Algo similar siento por Carl Sagan, uno de los más famosos e influyentes científicos del siglo XX. Voltaire se preocupó por promover una sociedad libre de fanatismos religiosos en donde los juicios improvisados y expuestos al clamor popular no significaran una lápida segura sobre las cabezas de los acusados, muchos de los cuales eran condenados por el simple hecho de pertenecer minorías religiosas en los pueblos donde habitaban.

Sagan pudo ver que esta misma sociedad en la que tal vez Voltaire hizo su mejor esfuerzo al defender a aquellos carentes de asistencia (era abogado) continuaba bajo un latente peligro de extinción. No por los fenómenos naturales a los que había sobrevivido durante milenios, sino a si misma.

Voltaire dejó su legado a través de diferentes obras que exponen lo más avanzado en el pensamiento humanista de su siglo. Sagan trató de hacer lo mismo pero a través de mostrar al mundo las maravillas de la ciencia y su inmensa utilidad al tratar de interrogar al universo de manera escéptica en la búsqueda más intensa pero desapasionada de la verdad.

Carl Sagan nos advirtió que el género humano podría desaparecer víctima de los excesos de sí mismo. Su vasta obra tiene implícito este mensaje haciendo incapié acerca de lo maravilloso y a la vez delicado entorno en que vivimos hoy. Un mensaje con severas advertencias. Tal y como Voltaire amonestó a su propia sociedad cuando esta imponía la intolerancia como la mejor arma para controlar a los que creía, eran sus enemigos...

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