sábado, 6 de febrero de 2010

Noche

La noche silba en mis oídos
Con sus frías notas de noviembre
Su gélida voz de cristal zafiro
Canta versos en luna menor

La canción desborda sentidas notas
Como un suave scherzo al plenilunio
Acompasada de percusiones estelares
y el graznido de un cuervo al contrapunto

No es mió el lamento que repito
Ni lo incita mi corazón sereno
Aunque robusto de melancolía palpita
Al talante de reproches es ajeno

No es mi tinta angustiosa que ahora corre
Por el papel pálido de incertidumbre
Es de la noche este canto triste
Lamento de grillos taciturnos

Es voluntad de la oscuridad
De las estrellas y los astros
Darte una serenata en mis labios
Con sus versos, su inspiración y su canto

Pero si el murmullo de una nota toma
Por asalto tu mente desprevenida
Y una fugaz lágrima
Cruza por tu láctea mejilla

Tal vez mi mente se inunde de regocijo
Y por fin con la letra y voz propia
Te canten mis labios diez versos
Que no son nocturnos, sino tuyos:

Me puedo escapar por el pliegue de tus ojos,
por el camino de fantasía de tus pupilas.
Puedo huir desde la punta de tus dedos
Al baúl de las emociones antiguas
Puedo sentir que las estrellas fugaces
Queman mi piel azul atmósfera
Si son tus yemas las que atraviesan
La comisura de mis labios inquieta
Y si me dejas llegar tan lejos,
Correré trémulo por tu vereda
Hasta encontrar el recuerdo prisionero
De la última memoria dulce
y del beso que la selló arrepentido.
Lo liberaré sin quejas ni recelos
Con tinta, con sangre y con cariño
Y aún paciente ante el sol inminente
Dejaré que la noche vuelva
A oscurecer el sendero de mis pasos
Para que borre el asalto cometido
Y te recuerde, que en la sombra
La llama de ilusión henchida crepita

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