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sábado, 1 de agosto de 2009

La guerra adelante III

Dejando de lado a los amantes coléricos y cuya visión está cegada por la pasión; poniendo aparte a los fanáticos que pueden derramar hasta el último mililitro escarlata de sus venas (cuyo torrente al parecer nunca fue suficiente en la parte más alta de sus cabezas) ¿Queda todavía un grupo, o un sujeto por lo menos, cuya acción deliberada hacia la violencia como medio de incitación al cambio pueda ser justificada, deseable, casi indispensable?

Mi titubeante respuesta sería que sí. No puedo decir que solo a través de la violencia se puedan llegar a realizar cambios estructurales, ni que tampoco sea el medio más rápido, ni tampoco el más efectivo... ni que los cambios generados a través de un movimiento violento tengan los resultados más duraderos y muchas veces aquellos que el rebelde buscaba. (Aunque de cero a uno existe un cambio porcentualmente infinito, si se me permite utilizar esta alegoría)

Pero en ocasiones la violencia, la manifestación súbita y explosiva de un rencor almacenado en la memoria personal o colectiva de un individuo por años, es el único mecanismo que hace recordar al opresor que hasta en el ser que él atribuía una importancia ínfima radica una conciencia propia de dignidad y de justicia. O como reza el refrán popular: "El valiente vive hasta que el cobarde lo permite" Y esto podría aplicar no solo con seres humanos...

Recuerdo el caso de un elefante de circo, que tras vivir toda su vida bajo el yugo del domador decidió un día saciar su ira (o su frustración, o su dignidad gregaria o aquello que su cerebro le dictara debía de resarcir) destruyendo todo lo que a su alrededor le recordara a un ser humano. Autos, personas, vallas... todo era destrozado bajo las patas del paquidermo. El célebre animal (cuya fama inició cuando su cuerpo yacía frío en el piso de una grúa) terminó su fuga unas cuadras más lejos, fulminado con el plomo y níquel de una escopeta.

No deseo ver más elefantes machacando personas bajo sus arrugadas patas, ni sublevados esclavos cortando el cuello de sus postreros amos, ni amos poniendo grilletes más pesados en los tobillos de sus esclavos y mucho menos ver que este ciclo se repita hasta el infinito... Pero creo que la justicia tiene una raíz biológica y la naturaleza tarde o temprano puede volver a balancear aquello que estaba desequilibrado: como calentamiento global por el dióxido de carbono en la atmósfera; como queratina pura en el muslo del torero; o como la mujer que le clavó diez estocadas en la espalda al hombre que desde hacía años la violaba...

Y pensándolo bien, a veces el júbilo de observar como el oprimido sacó a relucir su maltratada dignidad y venga por una vez su ser, nos recuerda que el derecho a iniciar una revolución yace más cerca de lo que creemos a nuestro instito de supervivencia. A nuestro ser natural.

"Aplastad al infame"... Recomendó Voltaire alguna vez.

domingo, 26 de julio de 2009

Muchas batallas adelante

Hay una canción original de Crowded House de la que recientemente Six Spence non the Richer sacó un cover: Don't dream its over. Aunque la canción me gusta mucho, solo quiero extraer de ella una línea en particular: "There's a battle ahead, many battles are lost" algo así como "Hay una batalla adelante (en el futuro) y ya muchas batallas se han perdido" pero en seguida tiene una parte positiva: "Pero nunca verás el fin del camino mientras sigas viajando conmigo" Guerra y viaje al mismo tiempo, una invitación a viajar y a pelear, ¿Pero si la vida es un viaje también puede ser una guerra?

En realidad no me gusta la violencia, no la real, pero sin lugar a dudas tengo una inclinación a observar las cosas bajo un planteamiento castrense. Me gusta hablar de estrategias, unidades, recursos y claro, peleas, territorio ganado o territorio cedido, ya sea dentro de los negocios o de la vida diaria. Y también de alguna forma siento que en esta vida no se puede ignorar que si se ama algo hay que sacrificar muchas cosas (curiosamente también en algunas ocasiones un sentimiento de paz) y ofrecer "guerra" a aquello que particularmente nos incomoda o pensamos que está mal. Hasta este punto creo que tiene sentido manifestarse a favor de realizar un cambio, que puede ser con uno mismo o tal vez con alguien más o de algunos más.

Desde este punto creo que muchísimas personas han coincidido conmigo a lo largo de la historia, iniciando guerras o uniéndose a ellas porque compartían un sentimiento de injusticia. En este caso como podrá observarse me estoy refiriendo a una batalla en particular: una revolución, una defensa, no precisamente una guerra de agresión.

Una revolución la podría definir entonces como un combate declarado en contra de un elemento que ostenta una posición diferente a la que debería de observar y que por esta posición lastima o flagela los derechos o la situación de un segundo elemento que se ve marginado constantemente por la acción deliberada del primero. Suena abstracto, pero creo que para que no se me acuse de belicoso o de provocador tengo que ofrecer la anterior definición.

Por lo tanto creo que una revolución o "el derecho a la revolución" se activa dentro de cada ser que mantiene un encuadre de lo que se puede considerar "justo" y cuando observa que esa justicia no está siendo respetada (Y aquí me topo con el siguiente problema, la justicia como cada uno la interpreta o tal vez más lejos... el valor, lo que es bueno y lo que no)

Aunque tal vez nuestro concepto de "justo" pueda verse obnubilado parcialmente por otro aún más amplio y más fuerte: El amor. ¿Quien dejaría de pelear por aquello que ama? ¿Que amar no es combatir?

Tratando de no meterme más en escollos y dejando este tema abierto a otras entradas, solo me gustaría terminar con una frase para reflexionar: "El que ama también se sabe con la obligación moral de defender aquello de lo que es objeto su amor, y tal vez no solo la obligación sino también el derecho, pero esta defensa no necesariamente es justa...

¿Tú que piensas?