jueves, 30 de julio de 2009

La guerra adelante II

La última entrada quedó abierta con una pregunta por la que quiero iniciar el día de hoy. En realidad creo que el amor y la guerra pueden mantener una cercanía semántica sorprendente. Ambas pueden estar ligadas en el círculo de la pasión, de la irracionalidad, inclusive tal vez de la ira.

Descubrir al ser amado puede ser una de las acciones más violentas que experimente un humano, y no porque sea una sensación desagradable, sino por la revolución interna que este proceso desata y que se refleja en una conducta enaltecida de quien lo experimenta: Ansiedad, euforia, optimismo; sueños rosas, mariposas en el estómago y pupilas anchas como la luna...

¿Que sucede entonces cuando el ser amado es percibido en una situación de vulnerabilidad por el que lo ama? Toda esa furia de sentimientos puede potenciarse de una forma aún más violenta si esto pasa. Y entonces el supuesto agresor (ser, grupo, país, creencia, ciencia, tendencia, arte, cultura, idioma, ladrón, criminal, asesino) pasa a ser el objeto de un sentimiento que ya se ha bifurcado entre el magnánimo acto de defender al ser amado anteponiendo la integridad personal y la furia que se manifiesta en el deseo de dañar al supuesto agresor hasta inhabilitar la postura que ahora ostenta.

Hasta ahora solo hemos declarado tres jugadores en la escena: El ser amado (Que puede ser enteramente pasivo y jamás declarar amor al que se lo ofrece) el amante, y el supuesto agresor (que mantengo únicamente como "supuesto" dado que la conducta agresiva puede existir solo en la mente del amante)

Creo que para armar un cataclismo no se necesita más que estos tres sujetos presentes de alguna forma en algún punto espacio temporal. Y también siempre y cuando la estructura sea tangible para el amante; aún cuando el amado y el supuesto agresor puedan ni estar enterados de la existencia de esta o de su participación en ella.

Y así ha pasado, con artes, artistas, dioses y religiones, eras, políticas y banderas; ideales, doncellas y esquemas por cuya simple existencia y supuesta vulnerabilidad se han inmolado valientes y apasionados amantes llevándose consigo "supuestos agresores" al fondo de una tumba, en donde la lágrima de una madre que suena al caer en la lápida de un hijo muerto en guerra reclama nuevamente la existencia de otro amante justiciero que repare el daño...

¿De cuantos amantes magnánimos y apasionados nos falta aún sufrir penas en este mundo?

Por lo tanto, aún cuando la guerra sea por amor, se puede parecer más al fanatismo que a la justicia... ¿o no?

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