viernes, 13 de marzo de 2009

La queja de la balada de otoño

Recientemente descubrí una canción del maestro Joan Manuel Serrat. No he investigado si es él el compositor, ya que tiene un buen número de poemas musicalizados, principalmente de Antonio Machado. El tema me gusta por el balance entre su deliciosa poesía y el mesurado acompañamiento musical, nunca es excesivo, es una melancolía que se desenvuelve de forma lenta hasta alcanzar su cúlmen antes de que termine la pieza.

Prácticamente toda la canción habla acerca de lo que sucede afuera de un habitación pero claramente se entiende la tristeza del compositor ante un abandono y la impotencia de cambiar su destino, tan fatal como que afuera continúe lloviendo.

Esta pieza describe a la perfección para mi la aparente calma, la pesadumbre que trae la tristeza. Esa inmensa capacidad comtemplativa que tiene que prescindir necesariamente del bullicio de la alegría para surtir todo su efecto. Al mismo tiempo me soprende la capacidad que la misma tristeza puede engendrar sobre el que la siente cuando reclama lo que considera injusto, y el desgarrador poder del amante lastimado cuando habla acerca de la última esperanza que aún abriga y que al estar sumido en esta tristeza, sabe que posiblemente será, ahora si, la final.

El acompañamiento con violines al final de la canción aunque dura solo unos segundos es magnífico. La canción dura casi cuatro minutos, contenidos, honestos y muy disfrutables se esté o no en la situación del poeta.

Y llueve, detrás de los cristales llueve y llueve...

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